Liminal

Victor Turner fue el antropólogo inglés del palo estructural-funcionalista que creó la categoría de análisis liminal refiriéndose a un estadio de indefinición donde no se es una cosa ni la otra, donde hay un hiato (un vacío) entre el adentro y el afuera. Un paréntesis en la representación, unos puntos suspensivos en el entendimiento de la identidad que despierta una profunda angustia. Tal como sucede en la adolescencia (y en cualquier crisis que se inscribe en un rito de pasaje) donde se atraviesa un conflicto que separa al sujeto de un mundo con sus normas establecidas y conocidas y lo arroja a un mundo lleno de incertidumbre con una nueva y desconocida normatividad.

La liminalidad es eso que ocurre en el punto de inflexión entre la estructura social que alojó originalmente al sujeto que transita en plena crisis a un próximo destino conocido como communitas: una suerte de paraíso social donde el orden normativo es estable y prima un fuerte sentimiento de pertenencia y unión social. Lo que indica la existencia de una comunidad tendiente a una utopía de armonía y bienestar social.

No es casualidad pensar en liminalidad justo ahora que estamos alternando entre un mundo pre-covid mientras imaginamos un mundo post-covid, el antes y el después que toda situación traumática implica. Angustia porque aún no podemos nombrar que se lo que se viene en este mundo post-covid que intentamos vislumbrar especulando y refugiándonos en metáforas de una invasión zombie digna del universo de producciones hollywoodenses como mecanismo para lidiar con este presente extraño donde quedamos extrañados de cómo era un día cualquiera: trabajar, socializar, planificar pensando en una temporalidad perdida. — Ya ni sabemos en qué día vivimos.

Este trayecto del proceso ritual que Turner instrumentó como herramienta de análisis de los procesos rituales tiene mucha relación con el famoso camino del héroe que much_s habrán escuchado nombrar respecto del storytelling o las estructuras narrativas. En primer lugar, el héroe que transita una historia deviene tal cosa al atravesar un conflicto que lo pone en tensión con el mundo del que proviene, mediante la consumación de una misión cuyo objetivo es acompañarlo hacia un otro, nuevo mundo de destino del cual poder retornar a su hogar como ese héroe. Queda claro que el conflicto y la tensión es condición sine qua non del poder que adquiere la figura del héroe. Ese mismo poder emotivo de la historia de autosuperación que tanto conmueve a los meritócratas: la historia del self made man.

Joseph Campbell no fue el Tesla de la literatura, ni la literatura está disociada del folklore (me refiero a la historia oral y escrita en un momento y lugar particulares, no al Chaqueño Palavecino) ni de los procesos socioculturales. Le debemos a Turner el valor que aporta el análisis del arco narrativo en una interpretación etnográfica y psicológica ante un contexto de profunda crisis.

Y si le damos una vuelta más a la reflexión, el análisis de la liminalidad de un proceso ritual no expresa otra cosa que la estructura del proceso de aprendizaje propiamente dicho. Se están poniendo en juego los obstáculos que nos encontramos al cuestionar y relativizar saberes previos con las preguntas que suscita la incorporación de nuevos contenidos y experiencias vividas.

Emerge la pregunta. La incertidumbre invita a cuestionar, a empezar a pensar cómo podemos transformar esa incertidumbre en posibilidades. Pero para esto necesitamos métodos acompañados de marcos teóricos que nos guíen en el proceso de imaginar un otro mundo posible. Según Sarah Pink en Uncertainty & Possibility (2018):

In order to engage uncertainty for the task of comprehending both the worlds we inhabit now and to imagine possible alterities as part of change-making in an emergent world, we need a fine-grained account of how it can be operated. Incorporating theories of emergence (…) to outline how uncertainty might be understood as a technology.

Entonces, para poder operar sobre ese mundo emergente, que de lo imaginable surja el proyecto y así poder trabajar con la incertidumbre como herramienta, y siguiendo la reflexión del filósofo y psicoanalista Luciano Lutereau donde “se piensa para vivir algo diferente, para no ser un muerto vivo (…) se piensa para dejar de excusarse de estar vivo y no hacer nada más que opinar.” Pensemos:

¿Cómo retornaremos a nuestra vida post-covid? ¿Volveremos transformad_s? ¿Qué estamos dispuest_s a cambiar respecto de nuestro modo de vida y nuestras relaciones sociales? ¿Y con el trabajo, la salud y el medioambiente? ¿Registraremos la importancia de nuestra vida psíquica como parte de la salud? ¿Qué haremos con el tiempo? ¿Tendremos memoria sobre el impacto del confinamiento dentro de un tiempo? ¿Qué se requiere para cambiar malos hábitos y conductas nocivas? ¿Seguiremos consumiendo del mismo modo? ¿Querremos consumir todo el tiempo o hay vida más allá del consumo? ¿Podremos aprender de la historia para no repetir aquello que nos dañó? ¿Qué tiene que pasar para adquirir y desarrollar una consciencia de lo colectivo? ¿Quiénes queremos ser para los otros? ¿Nos importa acaso el otro?

Escribo sobre alguna variedad de temas | Strategist + Design Researcher | Antropología aplicada → innovación

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