Ideología en tiempos del Apocalipsis

¿De qué lado de la historia te estás parando?

Escrito en co-autoría con Leandro Alisio

El domingo pasado, en Argentina, por las redes sociales y otros medios se contagió el mensaje de hacer un segundo aplauso colectivo, pero esta vez no en honor a los médicos que arriesgan su vida, sino bajo la consigna #Quedateencasa. A todo esto, y para poner en contexto, los medios se encargaron de transmitir con énfasis la importancia de quedarse en casa durante la cuarentena, mostrando desde los más comunes hasta los más insólitos casos de gente que no acataron la orden, por más lógica y altruista que fuera.

Lo que motivó esta campaña de concientización es la notable e irrisoria falta de responsabilidad y consciencia colectiva que aún persiste estos días ante esta pandemia que no discrimina por clase, etnia, creencia, y la identidad que más les guste para segregar al otro. El tema es cómo comunicar para generar consciencia, preguntarse si lo hacemos desde el odio o desde la fraternidad.

Mientras tanto, como en el presente digital tod_s somos productores de contenido, esto es una ínfima parte de lo que pasaba en Twitter bajo las consignas #QuedateencasaLPTQTP y #Yomequedoencasa:

Resulta, que un conocido que trabaja como paseador de perros y vive con el dinero al día, consiguió prestados $100 para comprar algo para la cena, pero el día pasó de largo y recién pudo encargarse a las 21hs. Hora en que Saavedra entraba en trance ritual al canto de “Quedáte en casa la puta que te parió”. Mientras caminaba por la calle comenzó a recibir insultos desde las ventanas y balcones de l_s vecin_s que salieron a aplaudir. Unos metros más adelante, le estalla una botella que fue arrojada por uno de los vecin_s en pleno estado de emoción violenta.

Emoción violenta. Eso que pasa cuando somos incapaces de reflexionar sobre nuestros actos y dichos. Cuando no “hay filtro” y damos rienda suelta a lo que nos suscita una situación sin tomar consciencia del impacto que tendrá en los demás. Algo esperable cuando se actúa como masa iracunda, cuya práctica se hizo habitual en Argentina y otras partes del mundo, y nos referimos a los linchamientos y escraches colectivos como forma de “hacer justicia por mano propia” y ya no por vía institucional.

Los “casos” de vigilancia social aumentan conforme se extrema la crisis sanitaria, social, y económica que desata la pandemia. En España decir “hijo de puta” es un insulto grave, grave en serio, tanto que motivó esto. Otro “caso” para nada aislado de emoción violenta, vigilancia, y linchamiento.

La antropóloga estadounidense Margaret Mead le dijo una vez a un estudiante que “Ayudar a alguien ante la adversidad, ahí es donde comienza la civilización” es decir, el altruismo manifestado a través de la cooperación y la solidaridad es la condición sine qua non de la civilización. Dos posiciones subjetivas contrapuestas: la de quién vigila, juzga y ejerce la violencia; y la de quién está dispuesto a escuchar, contener y solidarizarse con el otro. Ambas sustentadas por ideologías discernibles que expresan ideales y valores de estructuras sociales y políticas claramente definidas: la verticalidad (autoritarismo) y la horizontalidad (cooperativismo).

En condiciones no tan extremas como esta, la complejidad de la condición humana implica la negociación constante entre las posiciones éticas y morales del viejo debate de la filosofía política entre Hobbes y Rousseau, “el hombre es el lobo del hombre” versus “el buen salvaje”, respectivamente. La primera formulación hobbesiana desarrollada en Laviatán (1651) aduce a que el ser humano es egoísta como característica constitutiva por más que la sociedad intente erradicar ese comportamiento en pos de la convivencia. En las antípodas, la tesis altruista de Rousseau postula que “llegamos” al mundo con una predisposición al comportamiento moralmente bueno, pero que la sociedad nos corrompe al acatar sus normas.

Sin embargo, y en situaciones extremas como la que estamos viviendo, las posiciones hobbesiana y rousseauniana permiten que el factor ideológico se evidencie con claridad. El fascismo y el anarquismo como marcos ideológicos en tensión histórica y en la filosofía política se ven con más nitidez que las transiciones entre una otra. Cuando la capacidad de pensamiento crítico es limitada o cede ante el fanatismo solo vemos blanco o negro, sin grises ni colores.

Ambos extremos concuerdan, en general, en el cumplimiento de la cuarentena (salvo excepciones como Brasil, EEUU, Reino Unido). Aquellos partidarios de una férrea autoridad que desde arriba nos vigile y castigue parecen ser los que se dedican a la justicia por mano propia y pedir con énfasis la necesidad de aplicar el “Estado de Sitio” (o toque de queda según el caso). Mientras por otro lado, aquellos que privilegian más lo democrático u horizontal, optan por concientizar y buscar soluciones solidarias para quienes se vean más afectados por la situación extrema que atravesamos.

Si para entenderlo nos remitimos a dos extremos políticos: fascismo y anarquismo (derechas e izquierdas, respectivamente), podemos observar claramente la relación entre la ideología que proyecta cada una, su posicionamiento ético-moral y político, y su manera de actuar en esta cuarentena. ¿Cómo no van a pedir como solución para el acatamiento de las reglas más presencia y acción militarizada aquell_s que ya piden eso desde siempre? Sería en extremo ingenuo, por decirlo de alguna manera, esperar que quienes piden “mano dura” como solución a los problemas de inseguridad, no lo hicieran en este contexto. Para estas mismas personas, que hablan con nostalgia de los gobiernos militares dictatoriales, cualquier excusa es válida para llamar al autoritarismo como solución final de todos los males sociales. La ideología de la represión es así de simplista. Basta con pertenecer al grupo que se adueña de la verdad y reprimir al otro. ¿Para qué complicarse en la comprensión de la diversidad, de que hay un otro, diferente? Y si no obtienen lo que quieren, pues el linchamiento y el escrache se les presenta como algo justo, la justicia por mano propia, el botellazo desde el balcón bajo emoción violenta, en el convencimiento de ser el dueño de la verdad. Cómo se enojan cuando el Estado no es ese padre autoritario que da órdenes y golpea por ellos.

Por otro lado, aparece el altruista. Aquel que en medio de la crisis, y teniendo sus propias dificultades está pensando que alguien más puede estar pasándola peor, y decide ayudar. En este caso, proyectando acaso una ideología democrática. El otro es (o puede ser) un semejante, ayudarlo sería como ayudarse a sí mismo. No es en este caso un padre premiando los hijos “buenos” y castigando a los “malos”. Es un lógica de hermandad (fraternal) de solidaridad. Compatible con la conciencia de clase enarbolada por las izquierdas.

Cuando comenzó la cuarentena se instaba a trabajar desde casa. Inmediatamente las izquierdas pusieron el grito en el cielo. La mayoría de los trabajadores, sobre todo los más humildes no se pueden dar el gusto de trabajar desde sus casas o suspender sus actividades por tanto tiempo. Los patrones siguieron obligando a los trabajadores a acudir a sus puestos de trabajo. Se denunció entonces desde estos sectores a la cuarentena como un privilegio de clase, en caso de darse de esta forma. Se vio la solidaridad de much_s que, si bien podían teletrabajar, denunciaban esa realidad. Y este no es un punto menor para ver cómo las reacciones ante esta pandemia están muy ligadas a la ideología política de cada un_.

Mientras, Jair Bolsonaro (Aliança pelo Brasil, Derecha) trató de imponer un decreto castigando a los trabajadores que no concurrieran a sus puestos, el presidente argentino Alberto Fernández (Frente de Tod🌞s, izquierda moderada) al tiempo que decretó la cuarentena obligatoria, impulsó medidas de ayuda a los sectores más vulnerables de la clase trabajadora (monotributistas de menores ingresos y trabajadores informales), por ejemplo. En España, donde la cosa se pone menos lineal por ser una monarquía parlamentaria, Pedro Sánchez, presidente electo (PSOE, Izquierda moderada) propuso garantizar el flujo de crédito para las familias vulnerables, los trabajadores, empresas, y apoyo a la investigación científica, así como subsidios para eximir a los adultos mayores de pagar prestaciones básicas como la luz, el agua y las telecomunicaciones. Y garantizando el derecho a la vivienda mediante una moratoria hipotecaria para que nadie se quede sin techo ante esta crisis económica y sanitaria.

Escribo sobre alguna variedad de temas | Strategist + Design Researcher | Antropología aplicada → innovación

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