Antropoceno, ¿de qué va?

Un freno de mano a posibles confusiones

La idea acá es visibilizar el proceso mediante el cual se pueden producir malentendidos cuando se toman prestados conceptos de disciplinas poco accesibles al entendimiento común, como las científicas (sí, las sociales y humanas también) y al expresarse con liviandad, sedimentan en el sentido común formando opiniones que no hacen justicia al significante original.

El que me interesa acentuar es el de Antropoceno, que ya está empezando a resonar en relación al impacto ambiental producto de la actividad humana. Vimos varios memes y videos de animales “tomando la ciudad”, paseando lo más campantes por lugares insólitos para ellos. “La naturaleza se abre paso”.

Las preguntas que nos está despertando la pandemia son variadas, pero las que más preocupan a simple vista son las relativas a la relación entre el ser humano y la naturaleza. Hablamos de los fenómenos climáticos que notamos y no son nada nuevos como el calentamiento global, contaminación, daño en la capa de ozono, movimientos sísmicos cada vez más frecuentes, etc.

¿Nos importa verdaderamente lo que ocurre en el medio que habitamos? ¿Estamos dispuest_s a hacer algo por el planeta? ¿O simplemente tenemos el impulso de decir todo el tiempo lo que creemos sobre un tema porque queremos tener razón y hacer alarde de ello en las redes sociales? Quizá sea una ensalada de todo esto y otros condimentos más, pero es cierto que están surgiendo muchas opiniones de todo tipo sobre temas que requieren argumentos sólidos para tratarlos seriamente. Dicho en fácil: hay mucha gente hablando al pedo de temas que ignoran (a veces tienen followers) formando opiniones a partir de malentendidos y fomentando la confusión y la desinformación en el sentido común. Opiniones que se expresan con el fervor de una verdad adquirida. Pero hay una distancia importante entre opinión y argumento: mientras la primera se apoya en nociones previas o creencias, un argumento está fundado en información contrastable e implica el ejercicio del razonamiento.

“Giro discursivo” de autoría propia (2014)

Conceptos como el de Antropoceno, si no se comprenden en su propiedad pueden ser muy dañinos en la reproducción de discursos violentos de corte “el virus somos nosotros”, “merecemos la extinción”, “el ser humano es la causa de todos los males” que hacen eco del odio de quienes no comulgan con ciertas ideas de “conciencia planetaria”, ambientalismo y ecología, etc. así como tampoco de los DDHH y la equidad social.

¿Qué es el Antropoceno?

El Antropoceno es la era geológica actual en que la que vivimos desde hace unos cuantos años pero no es solo un concepto geológico sino también cultural por la simple razón que la relación Naturaleza — Cultura es de por sí un problema epistemológico de la antropología que admite múltiples interpretaciones. Está claro que el ser humano es el único que transforma la naturaleza a través de la cultura, y esto solo es posible mientras se sirve de la naturaleza para producir cultura, en una relación dialéctica. El mundo se convirtió tan gradualmente en Antropoceno que ni nos dimos cuenta, diría el chiste fácil.

Pero el debate sobre el Antropoceno como término geológico es muy anterior. Algunos aducen que se remonta a finales del siglo XVIII de la mano de la Revolución industrial, otros van más atrás en el tiempo (unos 11.700 años) y encuentran sus orígenes en la Revolución Neolítica, es decir, en la transición de sociedades nómadas de cazadores recolectores hacia el establecimiento de sociedades sedentarias dedicadas a la agricultura. Hay más teorías sobre el establecimiento del Antropoceno como era sucesora al Holoceno que han dejado huellas en el registro geológico y profundizar en ello excede por mucho este artículo.

Todavía no terminamos de comprender la agencia humana que algun_s pensador_s redoblan la apuesta y van más allá: Donna Haraway, referente en estudios feministas, aduce que hablar del Antropoceno significa hablar del Capitaloceno (2015). En esto sigue la línea de muchos politólogos, antropólogos, sociólogos, economistas y filósofos que sugieren que el Antropoceno, como se ha desarrollado desde la industrialización, está íntimamente ligado al capitalismo. Por su parte, Ursula Heise argumenta desde el posthumanismo — que imagina al ser humano superando sus limitaciones mediante la aplicación de la tecnología (cyborgs) — que la humanidad es sólo una parte de “las redes de agencias distribuidas que incluyen animales, plantas, sustancias y objetos” del mundo (2015).

En este debate, que desde ya adquiere tintes éticos y morales, se llegó a hablar de la ¿utopía? de un “buen Antropoceno” donde “los seres humanos utilicen sus crecientes poderes sociales, económicos y tecnológicos para mejorar la vida de las personas, estabilizar el clima y proteger el mundo natural” según se expone en el Manifiesto Ecomodernista (2015). Como vemos, hablar de Antropoceno no es decir que el ser humano destruye la naturaleza.

Por Eugenia Loli

Rompen todo y también los significantes

Hablar del Antropoceno no es decir que el hombre es tan nocivo para el planeta que hay una era nombrada a partir de su impacto transformador de la edad geológica. No significa un movimiento antropocéntrico porque nunca es tan lineal la interacción entre el hombre y la naturaleza con la cultura como intermediaria, como se menciona más arriba. Está claro que este argumento admite diversas posturas ideológicas y la presente aquí aboga por la agencia humana en su historicidad y particularidad.

La antropología sociocultural se encarga de la tarea de dotar de voz y visibilidad a los sin voz que han sido históricamente silenciados por los sectores hegemónicos: minorías y grupos violentados como las comunidades originarias, disidentes de género, sectores marginados y empobrecidos, trabajador_s, y todos los sujetos atravesados por tensiones institucionales que les vulnerabilizan. De hecho, es competencia de la antropología el estudio de las sociedades ágrafas, ya que la historia puede hacer un gran aporte desde el estudio de la documentación cuando la humanidad comenzó a dejar registro escrito de su actividad, en un trabajo interdisciplinario.

Pero esa es tan solo la mirada y la posición ética de las disciplinas humanísticas y sociales. Cuando observamos algo de lo que resuena en el discurso popular militante de las “causas nobles” pareciera ser que resulta mucho más sencillo y confortante “militar” por la ecología que por los DDHH ya que el sentimiento de estar luchando por ella responde a la ilusión de estar “dando voz” a entidades sin voz, también vulneradas por la humanidad. Y es justamente por eso, porque la naturaleza no es parlante, no puede responder al sujeto (constituido y precedido por el lenguaje).

El antropólogo Fernando Pepe cuenta cómo Comunidad Wichi vive el azote de la pandemia.

Lo que molesta es, en definitiva la capacidad de respuesta, de expresar algo diferente a lo que el sujeto hablante piensa o cree. Allí reside la intolerancia del “militante” animalista o ecologista (en especial quienes buscan una “causa noble” como forma de expiar culpas de clase) se indigna más por la explotación del caballo que tira del carro de un cartonero por tracción a sangre que por la realidad social que lleva a una persona cartonear para intentar comer. Sin considerar que la mayoría de cartoner_s (mujeres, varones, de todas las edades y en todas las condiciones de salud) tiran de ell_s mism_s su carro por tracción a sangre, sudor, y lágrimas producto del sufrimiento ocasionado por la exclusión social y el olvido sistemático.

En conclusión, este tipo de interpretación motivada por la adrenalina resultante de la creencia de “militar” por una presunta causa noble — esa sensación tan íntima de sentirse “mejor persona” — sirve de base para la tergiversación de sentidos que provienen de disciplinas menos conocidas y fueron y continuan siendo harto estudiados, banalizando su significado y generando confusiones en el público no especializado que optará por comulgar con la causa noble y pura que por el pensamiento crítico al requerirse un marco teórico para ser ejercitado y, por ende, opinar es mucho más fácil que elaborar un argumento.

Escribo sobre alguna variedad de temas | Strategist + Design Researcher | Antropología aplicada → innovación

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